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10:20:00 a. m. | by Linda Carmona

Ayer me desayuné con la noticia de dos nuevos femicidios en Chile, el primero se gesta en la ciudad de Santiago donde un sujeto la noche del martes luego de acuchillar brutalmente a su mujer le prenderle fuego en la vivienda que compartían, dejando a tres niños huérfanos, la misma noche del martes en la novena región un hombre balea a su pareja a pesar de tener medida cautelar de no acercársele a ella a ciertos metros de distancia.
En la actualidad 7 de cada 10 mujeres chilenas declara haber sido víctima de violencia familiar, en la misma actualidad están reposando las esperanza de esas miles de mujeres que ya han sido abusadas porque la justicia aún no entiende la diferencia entre “Homicidio simple” y “Femicidio”; diferencia que se reflejada en esa gruesa muralla de machismo que impide tomarle el real peso a lo que implica asesinar, alevosamente, a un ser humano de sexo femenino.
Durante siglos, el crimen de matar a una mujer ha sido calificado inconscientemente como “homicidio”, confundiendo fidelidad conceptual-etimológica con discriminación sexual. Al momento de tratar estos casos nuestra justicia se traduce en una incomprensible complacencia de los jueces con los imputados de este delito, dictando penas irrisorias como si se tratara de un asesinato cualquiera, en donde, injustamente, el más débil y con menos fuerza fue asesinada sin considerar la superioridad física y bruta de quien perpetra el crimen.
¿El estado el culpable?...Definitivamente no podemos culpar sólo al estado y a los políticos por no hacer bien su trabajo o por no legislar con mayor vehemencia con respecto a estos casos; porque lo que sucede dentro de nuestros hogares es responsabilidad nuestra, porque el tomar conciencia que se está sumergida en una realidad inexorable nos pertenece como mujeres, como familia y como sociedad que pensamos que la diferenciación de géneros determina la fuerza que de uno frente al otro es natural, y que por tanto, nada podremos hacer ante eso más que condenar y castigar “éticamente” descartando todo tipo de forma de rehabilitación y/o prevención efectiva y eficaz de un eventual asesinato. Porque si nos adentramos en un análisis más acabado, no basta con aumentar las penas, encerrando al criminal no atacaremos la real problemática, aquella que está intrínseca en su psiquis, en sus emociones, en su forma de ser; lo preocupante no es la violencia con la que hoy ocurren los casos ni el creciente aumento de ellos, sino parte de los hombres de este país tienden a pensar que matar a una mujer es tan fácil como aplastar a una hormiga.
Comúnmente se aprecia que el femicidio es propio de sectores populares, en donde personas están enfrascadas en drogas, alcoholismo y delincuencia, dándole exclusiva connotación a una realidad que ellos mismos decidieron afrontar. No obstante tengo la certeza que la realidad es otra y que las mujeres de nuestro país abusadas se extiende mucho más allá de una condición socio-económica o geográfica, definitivamente estamos insertas en un cáncer que hasta el momento parece insalvable.
Las expectativas de éxito de mujeres que ya han sido golpeadas es baja, la precariedad emocional con la que ellas viven se ve vulnerabilizada a cada instante, somos parte de un machismo desmedido, somos el vertedero de sentimientos de ira entrabados por años, de sus angustias, de celos incomprensibles e grotescos, de frustraciones en las que ni siquiera hemos sido participes porque son arrastradas desde su niñez.
Es así como podríamos encontrar miles de razones por las que somos parte de esa triste realidad, pero, sea cual sea, no tienen justificación que por medio de golpes, ataques sexuales, o un certero disparo o puñalada en el pecho de alguien sin la fuerza suficiente para defenderse, se le arrebate su vida… sólo por ser mujer.
Hoy en día, por mucho que demostremos que la mujer sigue avanzando en su escalada por acortar las brechas, a través de nuestros logros, de nuestro protagonismo en el mercado laboral o su incursión en carreras políticas, lamentablemente, sigue habiendo un aspecto para las féminas en el que, por sí mismas, les resulta difícil poder ampararse y superar la estupidez y agresividad de los lapsus hormonales del hombre, que, como ya hemos sido observadores, la mayoría de los casos desemboca en injustificables casos de femicidio.
No nos quedemos sólo con el repudio y la rabia contenida de las imágenes que vemos por televisión o por un medio escrito, sino también seamos responsables de buscar las instancias de prevención y protección para todas aquellas que ya son parte de ese gran porcentaje de mujeres abusadas en Chile.
Génesis 2:18 "Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.
Seamos mujeres sabias, aquellas que con sus manos edifican sus casas…
Elohím meát or dojé harbé min hajóshej